Todos los días, cuando subía al coche, casi siempre me equivocaba, pues los coches de Liverpool tienen el volante en el lado contrario. Abría la puerta y la volvía a cerrar. Pues bien, un día volvía a mi casa y abrí la puerta y me senté, lo más normal. Pero cuando me di cuenta tenía el volante justo en frente. Yo, me quedé paralizado y el señor me dijo : Bueno que...¿Conduces tú? (en inglés) Y yo lo entendí a la primera y me bajé muy avergonzado, al igual que cuando sonó la alarma en la casa.
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